Capítulo 4 de 11
Preferencias
Las preferencias son elementos inherentes a toda metodología que se proponga valorar en qué medida una proposición es verdadera. El método científico, por ejemplo, supone una preferencia inherente por la consistencia lógica y la verificación empírica. Para la ciencia, la premisa es: si quiere establecer una verdad referente al comportamiento de la materia y la energía, es preferible que use el método científico.
En este sentido, “preferible” no significa “en cierto modo mejor”, sino “requerido” o “necesario”. Si quiere vivir, es universalmente preferible que se abstenga de ingerir un puñado de arsénico. Si quiere sacar conclusiones válidas acerca de la realidad, es universalmente preferible que sus teorías sean a la vez internamente coherentes y empíricamente verificables. “Universalmente preferible”, entonces, equivale a “objetivamente requerido”, pero conservaremos la palabra “preferible” para diferenciar los absolutos humanos opcionales de absolutos físicos no opcionales como la gravedad.
Asimismo, para que las teorías éticas puedan ser consideradas válidas, deben ser al menos interna y externamente coherentes. En otras palabras, una teoría ética que se contradice a sí misma no puede ser válida — y una teoría ética que contradice la evidencia empírica y las preferencias cuasi-universales tampoco puede ser válida.
Así en ética como en física, biología, ingeniería y todas las disciplinas que contrastan teorías con realidad, las teorías válidas deben ser a la vez lógicamente consistentes y empíricamente verificables.
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PREFERENCIAS Y ARGUMENTOS
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Puesto que es imposible actuar sin apoyarse en una preferencia — implícita o explícita —, cualquier persona que actúa necesariamente acepta la siguiente premisa: “la preferencia existe”. Por lo tanto, es imposible debatir la existencia de preferencias sin aceptar en el acto la existencia de preferencias.
PREFERENCIAS Y UNIVERSALIDAD
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Cuando hablo acerca de preferencias universales, me refiero a lo que la gente debería lógicamente preferir, no a lo que de hecho prefiere (lo que debería lógicamente preferir de acuerdo a las premisas que se siguen de sus intenciones manifiestas, como por ejemplo al “tratar de conocer la verdad”, o de sus actos, como por ejemplo al intentar curar una infección). Para utilizar una analogía científica, con el fin de realmente comprender el universo la gente debería emplear el método científico — esto no significa que siempre lo haga, ya que ciertamente billones de personas apelan a los antiguos cuentos de hadas más que a la ciencia moderna para buscar “respuestas”. No hay forma de aproximarse a la verdad acerca del universo sin la ciencia, pero la gente es perfectamente libre de redefinir “verdad” como “error”, y contentarse con el sinsentido místico en cualquiera de sus variantes.
Asimismo, si un hombre desea curarse de una infección bacteriana, debería tomar antibióticos en lugar de bailar una danza de la lluvia azteca. En tal situación, la preferencia por antibióticos antes que danza de la lluvia es universal, ya que el acto de bailar no cura las infecciones.
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ARGUMENTOS Y UNIVERSALIDAD
Si elijo debatir, he aceptado tácitamente una amplia variedad de premisas dignas de ser examinadas.
Ambos existimos
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Los sentidos tienen el potencial de percibir correctamente
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El lenguaje tiene la capacidad de expresar significado
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La rectificación implica preferencias universales
Si usted me corrige a propósito de un error que cometí, está aceptando implícitamente el hecho de que es mejor que yo corrija dicho error. Está aceptando una preferencia (es preferible que yo corrija mi error), y no se trata de una preferencia subjetiva, sino objetiva, y universal.
No me está diciendo: “Debería cambiar su opinión por la mía porque yo lo prefiero”, sino: “Debería corregir su opinión porque es objetivamente incorrecta”. Mi error no surge de un mero desacuerdo con usted, sino como resultado de una desviación respecto a un patrón objetivo de veracidad. Su argumento se basa en el valor objetivo de la verdad — es decir que la verdad es universalmente preferible al error, y que la verdad es universalmente objetiva.
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Existe una metodología objetiva que permite distinguir lo cierto de lo falso
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La verdad es mejor que la falsedad
Si le digo que la tierra es plana, y usted me contesta que no, que la tierra es redonda, está implícitamente aceptando el siguiente axioma: la verdad y la falsedad existen objetivamente, y la verdad es mejor que la falsedad.
Si le digo que me gusta el helado de chocolate, y usted me dice que le gusta el de vainilla, es imposible “probar” que vainilla es objetivamente mejor que chocolate (hablamos de preferencias subjetivas). Ahora bien, cuando me corrige haciendo referencia a hechos objetivos (la tierra es redonda), está aceptando que los hechos objetivos existen, y que la verdad objetiva es universalmente preferible a el error subjetivo.
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Debatir pacíficamente es la mejor forma de resolver conflictos
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Todo debate se apoya en la premisa tácita de que razón, evidencia, verdad y objetividad son los métodos universalmente preferibles para resolver diferencias entre individuos. Sería completamente ilógico argumentar que las diferencias de opinión deben resolverse apelando a la violencia — el único argumento coherente a favor del valor de la violencia es el empleo de la violencia.
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Esta preferencia por la verdad universal no es una preferencia de grado, sino de tipo. Un atajo que reduce el tiempo de conducción a la mitad es el doble de bueno que el camino más largo — pero ambos caminos son infinitamente preferibles a conducir en sentido contrario al destino fijado.
De igual modo, la verdad no es tan solo “mejor” que el error — es infinitamente preferible, o necesaria.
Los individuos son responsables de sus actos
Al argumentar que los seres humanos no son responsables de sus actos, incurro en una paradoja: si estoy en lo cierto, entonces no soy responsable de mi argumento, así como usted no es responsable de su respuesta. Pero en tal caso no tiene el menor sentido proponer un argumento — sería equivalente a discutir con un televisor.
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