Capítulo 6 de 11
Los cinco tests
Primer Test: Violación
EL BIEN
Imaginemos que estamos revisando una teoría ética que proclama que la violación es un bien moral.
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Si es moralmente loable ser un violador, y uno sólo puede ser un violador agrediendo sexualmente a su víctima, entonces debe ser legítimo para la víctima resistir el ataque sexual — ya que si no se resiste, no se trata en realidad de una violación y, por lo tanto, de un acto virtuoso de acuerdo a la teoría en estudio. En otras palabras, la virtud sólo es posible atacando a la virtud. De este modo, caemos en una paradoja ineludible: la virtud no sólo está vedada para la víctima (si violar está bien, no violar está necesariamente mal), sino que además la víctima debe resistirse, atacando a la “virtud”, para que la “virtud” exista.
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CAPACIDAD
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Podemos decir que cuando la capacidad de elección está ausente, o es inaplicable, la moral también está ausente, o es inaplicable. Así, aunque las acciones de un hombre en estado de coma no pueden ser consideradas malas, tampoco pueden ser consideradas buenas. Él existe en un estado que le impide tomar decisiones deliberadas, como un infante o un animal — por eso puede ser con razón exceptuado de las normas morales, ya que su condición, físicamente objetivable, lo diferencia de un hombre que puede elegir, cuyos actos pueden ser evaluados en el marco de CUP.
Con eso en mente, sigamos examinando la violación.
ESTETICAMENTE POSITIVO
Las acciones estéticamente positivas (AEPs) son universalmente preferibles, pero no son exigibles por medio de la violencia, dado que las acciones estéticamente negativas no inician el uso de la fuerza. Si no llego puntualmente a una cita con usted, no estoy por eso iniciando el uso de la fuerza en su contra, y no le estoy quitando su capacidad de elegir, o de evitar la situación.
Si decimos que las AEPs pueden ser impuestas a través de la violencia, estamos diciendo que el inicio de la fuerza es un bien moral.
Si proponemos como regla que el inicio de la fuerza es moralmente aceptable, enfrentamos todas las mismas imposibilidades lógicas que derivan de proponer que “la violación es moralmente aceptable”.
Una AEP es una regla no coercitiva que puede ser racionalmente aplicada a ambas partes al mismo tiempo.
Por ejemplo, si mi AEP es: “ser puntual”, esta puede ser una pauta universal y a la vez puede ser totalmente rehusada. Yo no puedo infligirle esta AEP a usted por la fuerza, porque usted no tiene que ser mi amigo, usted no tiene que llegar puntualmente, usted no tiene que respetar o seguir mis preferencias. (Un asalto físico elimina o procura eliminar mi capacidad de elección; en cambio usted no elimina mi capacidad de elección por no adherir a mi AEP).
Si “llegar puntualmente” es una AEP, entonces es posible que dos personas lo consigan al mismo tiempo — llegando ambos puntualmente.
En cambio, como ya hemos visto, es imposible que dos personas se violen mutuamente. Uno siempre debe ser el violador, y el otro siempre la víctima.
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Puesto que las AEPs no son exigibles a través de la violencia — no se puede legítimamente matar a un hombre por haber llegado tarde — la violación no puede ser una AEP, ya que por definición se impone mediante la violencia.
Así, la violación no puede caer en la categoría de AEPs.
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ESTETICAMENTE NEGATIVO
Tal vez la violación sea una acción estéticamente negativa, como “llegar tarde”. Sin embargo, las acciones estéticamente negativas (AENs) lógicamente no pueden ser impuestas por la fuerza, dado que por definición éstas pueden ser evitadas. Como nada me impide interrumpir mi relación con un hombre que siempre llega tarde a las citas, nada justificaría matarlo por haber llegado tarde.
Pero la violación, por definición, no puede ser evitada, ya que es un ataque sexual impuesto mediante la violencia. Por otra parte, si decido interrumpir mi amistad con el hombre impuntual, este no puede en justicia obligarme a ser su amigo por medio del uso de la fuerza, ya que se basaría en el principio de que las meras preferencias personales pueden imponerse a los demás, habilitándome así a imponerle mi deseo de renunciar a su amistad.
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EL MAL
Si la violación se define como un mal, entonces debe implicar el inicio del uso de la fuerza, y efectivamente así es. Además, la proposición: “la violación es un mal” pasa la prueba del estado de coma, por cuanto un hombre en estado de coma no puede cometer una violación.
Asimismo, si violar está mal, entonces no violar tiene que estar bien — de esta manera, dos hombres en un cuarto pueden ser morales al mismo tiempo, simplemente absteniéndose de violar al otro.
Como la posibilidad de evitar es uno de los factores clave para diferenciar lo “desagradable” de lo “inmoral”, y la violación es un comportamiento que lógicamente la víctima no puede evitar (caso contrario no hay violación en curso), al definir a la violación como un mal también se observa esta importante distinción.
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El violador podría justificar sus acciones eludiendo la proposición “violar está bien”, y apelando en cambio a una proposición que respalde su deseo de violar, como por ejemplo: “obtener placer es moralmente válido, a despecho del displacer ocasionado a terceros”.
Esta proposición sucumbe ante la prueba lógica más básica de la CUP. Si Bob cree que él debería poder violar a Doug con el propósito de obtener placer — más allá del displacer infligido a Doug — Bob no podrá elevar su preferencia racionalmente a CUP.
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Si todo el mundo debe poder obtener placer a despecho del displacer ocasionado a terceros, entonces no hay razón válida para dar prioridad a la preferencia de Bob (violar a Doug) sobre la preferencia de Doug de no ser violado, más allá del displacer que negarse a ser violado le causaría a Bob.
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Por supuesto, no muchos violadores están interesados en la filosofía, pero como dijimos antes, el principal peligro para los seres humanos no es el delincuente individual, sino las teorías éticas irracionales.
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Parecería entonces quedar para la violación una única posibilidad lógica: que no violar es una conducta universalmente preferible — o que violar es una conducta universalmente inadmisible.
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El marco de CUP ha validado correctamente nuestra premisa moral, confirmando que la violación es un mal. Este es un criterio necesario — aunque no suficiente — de prueba, que por cierto justifica la investigación ulterior.
Así pues, continuemos…
Segundo Test: Asesinato
Probemos ahora el marco de CUP frente a proposiciones morales relacionadas con el asesinato, definido como matar deliberadamente y con premeditación, no en defensa propia.
Como hemos pasado tanto tiempo desmenuzando la cuestión de la violación — y dado que muchos de los argumentos también se aplican aquí — podemos resumir el presente análisis.
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La moralidad, como la salud, no puede ser considerada una mera “instantánea”: es un proceso, o un continuum. El marco de CUP confirma que Bob no puede ser “malvado” mientras está estrangulando a Doug, y luego alcanzar la cima de la virtud moral en el preciso momento en que mata a Doug — para luego recuperar inmediatamente su condición de “malvado”.
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En relación con el asesinato, la única teoría ética válida posible es que este es un mal, o que es universalmente inadmisible.
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Pasemos ahora a la cuestión del robo. Si este marco también resulta ser válido, habremos acertado a la trifecta de nuestra comprensión moral instintiva, y hallado confirmación racional para nuestras creencias ya existentes. Habremos descubierto las matemáticas que explican cómo somos capaces de atrapar instintivamente una pelota, y ese es un primer paso necesario.
Tercer Test: Robo
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CUP es un marco empleado para la evaluación de proposiciones morales, o argumentos sobre el comportamiento universalmente preferible para toda la humanidad. En primer lugar, un hombre debe ser responsable de sus propias acciones si éstas han de ser juzgadas moralmente. Como ya hemos argumentado, la capacidad de elegir los propios actos es fundamental para cualquier valoración ética.
Si un hombre no tiene control sobre su cuerpo, entonces queda claro que no tiene responsabilidad alguna por sus acciones — en realidad no correspondería hablar de “sus” acciones, sino más bien de las acciones de su cuerpo. Ahora bien, nadie podría argumentar racionalmente que si un hombre estrangula a otro hombre, son los dedos asesinos los que deberían ser llevados a juicio y castigados. Evidentemente, el cuerpo debe encontrarse, hasta cierto punto, bajo la dirección de la mente consciente.
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Si yo digo: “Los hombres no son responsables de las acciones de sus cuerpos”, sería muy justo que usted me preguntara quién está utilizando entonces mis cuerdas vocales y mi boca. Si digo que no tengo control sobre mi discurso — el cual es un efecto del cuerpo — entonces habré “sostenido” mi tesis a costa de invalidarla por completo.
Si yo no soy en absoluto responsable de mi discurso, entonces no tiene sentido discutir conmigo. Una grabadora de audio tampoco es responsable de su discurso, y es precisamente por eso que no solemos involucrarnos en ásperas discusiones con bandas magnéticas.
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Así, el acto mismo de controlar mi cuerpo para producir un discurso conlleva la aceptación de mi capacidad para controlar mi discurso — una forma implícita de afirmar mi propiedad sobre mi cuerpo.
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Luego, rechazar la propiedad del cuerpo equivale a rechazar toda moral, lo cual, como ya hemos visto, es absurdo. Lógicamente, dado que la moral se define como un subconjunto exigible de CUP, quien rechaza la moral está diciendo que es universalmente preferible creer que no existe lo universalmente preferible.
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Dado que somos dueños de nuestros propios cuerpos, también lo somos, inevitablemente, de los efectos de nuestras acciones, sean estas buenas o malas. Si somos dueños de los efectos de nuestras acciones, es evidente que somos dueños de lo que producimos, sea esto un arco, un libro — o un asesinato.
PROPIEDAD Y CUP
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Es prudente sostener que la persona que está debatiendo con usted acerca de los derechos de propiedad está respirando, y en consecuencia que está de acuerdo con usted, al menos, en que tiene derecho a usar su propio cuerpo.
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Si la auto-propiedad exclusiva no es un axioma, entonces incluso el delito de asesinato pierde su significado.
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Si me está fallando el hígado, y tengo derecho a tomar su hígado, entonces podría tratar de “recuperar” ese órgano en perfecta congruencia con la moral y la conducta honorable. ¿Y qué si este procedimiento a usted lo mata? Para empezar, sin auto-propiedad exclusiva no hay “usted”…
Así, es razonable decir que la auto-propiedad exclusiva es una realidad básica — que todos los seres humanos, en todo momento y en todo lugar, tienen propiedad exclusiva sobre sus propios cuerpos y sobre los efectos de sus propios cuerpos, tanto en términos de conducta moral como de creación o adquisición de bienes.
LAS ZONAS GRISES
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En aras de la eficiencia, que no de la perfección moral, a menudo se fijan transiciones arbitrarias entre un estado y otro.
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Si decimos que a partir de un cociente intelectual de 80 un hombre pasa a ser responsable, por definición estamos diciendo que un hombre con un CI de 79 no es responsable — ¿es esta una delimitación clara, justa y completamente objetiva? Evidentemente no, pero la mayoría de los conceptos, para ser prácticos, deben valerse del criterio de lo “suficientemente bueno” y de un análisis razonable de costo/beneficio. No hay agua perfectamente pura; quien demande perfecta pureza simplemente morirá de sed.
Dado que la cuestión de la responsabilidad moral según la capacidad intelectual sólo se refiere a un porcentaje muy pequeño de personas que están situadas justo en el límite, y que muy probablemente no sea posible desarrollar pruebas objetivas para demarcar ese límite a la perfección, es necesario apelar a ciertas “reglas generales”. Parece razonable confiar en que, si los biólogos conviven día tras día con esta forma inevitable de subjetivismo, los filósofos morales también tienen que poder, de alguna manera, ingeniárselas para sobrevivir.
PROPIEDAD COMO UNIVERSALIDAD
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Momentáneamente pasemos por alto el problema de “la posesión del 50% del propio cuerpo”, obviando la pregunta inevitable: ¿quién sería responsable por los actos del 50% restante del cuerpo?, y supongamos que los seres humanos sólo son propietarios del 50% de lo suyo cuando se trata de objetos externos.
¿Cómo funciona eso en la práctica?
Bueno, si yo tengo dos cortadoras de césped y usted no tiene ninguna, sería lógico que usted tenga derecho a tomar una de mis cortadoras de césped, dado que sólo puedo ser dueño de la mitad de mi colección de cortadoras de césped.
Sin embargo, al tomar posesión de una de mis cortadoras de césped, usted lamentablemente sólo está autorizado a poseer la mitad de dicha cortadora de césped, ya que sólo tenemos derecho al 50% de la propiedad sobre los objetos externos. Así, usted debe encontrar inmediatamente a alguien con quien pueda compartir la cortadora de césped. Esto restringe su “justo” dominio a un 25%. Sin embargo, su nuevo co-propietario no puede tener derecho al 25% de la cortadora de césped, porque sólo tiene el 50% de los derechos respecto a cualquier propiedad que posee — luego, él debe encontrar a alguien que tome el 50% del 25% de la cortadora de césped que está en su poder — y así sucesivamente.
El problema con cualquier teoría que aboga por derechos de propiedad inferiores a 100% es que instantáneamente crea un “efecto dominó” de regresión infinita, en el que todos acaban con derechos de propiedad infinitamente pequeños sobre casi todo, lo que es claramente imposible.
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No necesitamos una teoría de homesteading (asentamiento original), u otros planteos de “reciente adquisición”, para justificar los derechos de propiedad — los derechos de propiedad están justificados por quienquiera que actúe — haga lo que haga, incluyendo argumentar —, porque al actuar está ejerciendo axiomáticamente el control sobre el 100% de su propio cuerpo.
Así, combinando esta realidad axiomática con CUP, podemos fácilmente comprender que, si el que debate acerca de los derechos de propiedad está ejerciendo control sobre el 100% de su propiedad, tan sólo resta preguntar si los derechos de propiedad varían o no de individuo en individuo — una cuestión definitivamente resuelta por el hecho axiomático de la auto-propiedad, así como por el marco de CUP. Cualquier proposición moral debe ser universal y coherente, y es así como también sabemos que toda persona tiene (100%) derechos de propiedad.
Cualquier alternativa es lógica y empíricamente imposible.
EL ROBO A PRUEBA
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Si los derechos de propiedad no son válidos, el robo es un acto completamente ilógico, ya que implica la reivindicación del deseo de controlar la propiedad.
Los mismos derechos de propiedad no son más que la afirmación de un legítimo afán de mantener el control sobre determinados bienes.
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Si Doug roba el encendedor de Bob, es porque Doug desea tener el control sobre el encendedor. Si Doug roba el encendedor de Bob porque considera que los derechos de propiedad no son válidos, en realidad lo que está diciendo es: “Quiero tener el control sobre el encendedor de Bob porque nunca es válido tener el control sobre un objeto”.
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En otras palabras, el robo es tanto una afirmación como una negación de los derechos de propiedad. Por lo tanto, cualquier teoría moral que admite el robo necesariamente afirma y niega al mismo tiempo la existencia de los derechos de propiedad — una contradicción infranqueable que invalida por completo cualquier teoría de este tipo.
Si nos fijamos en los aspectos morales del comunismo, por ejemplo, los derechos de propiedad son explícitamente negados al individuo. Sin embargo, aquellos individuos que se hacen llamar “el Gobierno” reivindican el derecho a controlar la propiedad. Lo que esto significa en la práctica es que es malo para algunos hombres controlar la propiedad, pero es bueno para otros hombres controlar la propiedad. Puesto que no hay distinción biológica, en términos de especie, entre gobernantes y gobernados, podemos ver claramente que, para miembros de la misma especie, tenemos aquí normas morales totalmente opuestas, lo que no puede ser válido. CUP expresamente requiere que las reglas morales sean coherentes para todos los hombres, en todos los lugares y en todo momento — afirmar que el ejercicio de los derechos de propiedad es inmoral para Iván Denisovich, aunque perfectamente compatible con la moral para Joseph Stalin, crea una contradicción flagrante; algo equivalente a decir que vertiendo agua en una piscina esta se llena y se vacía al mismo tiempo. Cualquier físico que sostuviera esto último pasaría a ser el hazmerreír de su profesión — los moralistas, en cambio, a menudo proponen lo anterior y son recibidos con asombrosos niveles de respeto.
El Cuarto Test: Fraude
Justo en el límite de lo que generalmente se considera ético yace el desafío del fraude.
El fraude es la obtención de valor a través del engaño.
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Es evidente que el principio de que “el fraude es bueno” no puede ser llevado a la práctica simultáneamente por Doug y por Bob — dado que para cometer fraude, Doug debe actuar de manera deshonesta, mientras que Bob debe actuar honestamente. Así, para que la acción “moral” de Doug tenga lugar, Bob tiene que actuar “inmoralmente”.
CUP destruye esta posibilidad, ya que ninguna teoría moral válida puede requerir acciones opuestas en las mismas circunstancias.
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Así es como sabemos que está mal cometer fraude.
Una vez más, saber que está mal cometer fraude es igual a saber que cualquier teoría moral que justifica el fraude no es válida, porque se contradice a sí misma. Si construimos un puente, y el puente se cae, sabemos que el puente “estaba mal” — pero lo más importante que podemos aprender de este desastre no es que el puente se cayó, sino las deficiencias teóricas a causa de las cuales el puente se cayó. Del mismo modo, es importante que las teorías morales que producen desastres, como el comunismo, el fascismo y el nazismo, sean evaluadas en relación a CUP, no sólo para que podamos entender cómo es que resultaron tan mal, sino también cómo corregir nuestras teorías morales en el futuro.
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Puedo ir detrás de usted y estrangularlo de improviso, sin participación alguna de su parte, pero no puedo defraudarlo a menos que usted, en alguna medida, participe.
Así, el fraude cae bajo el paraguas de lo evitable, es decir que está en una categoría fundamentalmente diferente a la que reúne violación, asesinato y robo. Sin embargo, la medida en que un determinado fraude puede ser evitado condiciona su grado de inmoralidad. Enviar su información bancaria personal a un spammer de correo electrónico nigeriano es, por cierto, evitable; ser engañado por una empresa de eBay con una calificación perfecta es algo mucho más difícil de evitar.
El Quinto Test: Mentira
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Naturalmente, cualquier teoría moral según la cual “mentir está bien” se auto-refuta de inmediato, ya que si el hombre que la propone miente al hacerlo — lo que está bien de acuerdo a su teoría — de ello se desprende, a la vez, que mentir está mal.
La mentira, sin embargo, no supone el inicio de la fuerza, de modo que no excluye la posibilidad de ser evitada. Como los mentirosos pueden ser evitados, lógicamente no pueden ser agredidos en respuesta a sus mentiras.
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Podríamos justificar el acto de mentirle a un mentiroso, al igual que justificamos un golpe asestado para defenderse de un golpe, pero responder a una persona impuntual llegando aún más tarde nos parece una actitud poco respetable, por no decir mezquina.
La diferencia es que “llegar tarde” no es tan activamente destructivo como mentir. El impuntual nos resulta molesto, pero no socava en lo fundamental nuestra capacidad para procesar la realidad. Una cosa es que yo me presente una hora más tarde a la reunión de las 7am — otra muy distinta es que intente convencerlo de que la reunión había sido programada en realidad para las 8am, cuando sé que no es verdad.
Atacar su confianza en su propia mente es mucho más grave que simplemente hacerlo esperar, pues implica la utilización de su confianza en otro para minar su confianza en usted mismo. Utilizar un valor para socavar un valor es algo particularmente corrupto — es la definición misma de falsificar.
Así es como CUP refuta la proposición “mentir está bien”, y confirma que mentir es peor que “llegar tarde”, pero mejor que agredir físicamente.
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